8. La Alentadora

La Alentadora

Soy ingeniera en informática, trabajo en una empresa del sector financiero en el área de tecnología, y soy una mujer migrante venezolana. Tengo 51 años, de los cuales cinco llevo viviendo en Monterrey. 

La última vez que me asaltaron en el autobús, pensé en que no podía seguir viviendo así. Ahí decidí huir de Venezuela. La seguridad y la estabilidad económica no ayudaban. El trabajo era escaso y la calidad de una vida digna no existía. No siempre contábamos con los servicios básicos como el agua y la luz, pasábamos varios días en la oscuridad, y sin poder bañarnos. 

La economía comenzó a desequilibrarse tanto que ya no sabía cómo íbamos a amanecer al día siguiente, sentía que vivía al día. Yo me daba cuenta que los primeros en migrar eran los jóvenes, ya que las oportunidades para ellos eran más complicadas porque apenas empezaban su vida y sus salarios no les daban ni para comprar productos de necesidades básicas, mucho menos para comprar casa o carros. También migraban porque algunos de ellos estaban amenazados por policías que se encargaban de secuestrarlos.

Venezuela es una ola de robos, secuestros y violencia, es una ola donde si tú no marchabas a favor del gobierno eras considerado un traidor y te hacían guerra dentro de tu trabajo. Yo le dije a mi madre que no podía esperar a que esa ola me ahogara. 

Mi hijo fue el primero en venirse a vivir a México para poder seguir con sus estudios. Las escuelas no me lo querían aceptar por ser migrante. Después de dos largos meses de que mi hijo llegara a casa de una prima -quien nos ayudó muchísimo-, yo también logré llegar a su casa con el poco dinero que recaude en mi país. Un año después llegó mi esposo.

“Si ella [mi prima] no me hubiese tendido la mano de esa manera, yo no sé a dónde me hubiese ido. Porque como te digo, yo no tenía intenciones [de salir de Venezuela], porque yo a pesar de todo lo que mal que yo la estaba pasando, yo siempre estando dentro del problema decía: «No, esto va a mejorar, esto va a mejorar, va a mejorar», y nada, nunca mejoró y sientes que cada vez está peor”.

Los trámites migratorios a veces son un fraude, creo que buscan desquitarse con nosotros los sudamericanos. Mucha gente de migración busca estafarnos, hay mucha corrupción, muchos hombres traen a muchachas de Venezuela con la promesa de hacerles todo su trámite migratorio, y al llegar a México les quitan sus papeles y las esclavizan.

Llamo a los que aún están allá para contarles chistes o platicar de algo positivo. Quiero distraerlos un poco de lo que están viviendo. Quiero que no se sientan solos, porque sinceramente, yo me siento sola. Sé que tengo a mis hijos, a mis padres y a mi esposo, pero a veces pienso, ¿quién nos extrañaría aquí?

A veces digo: “si me muero, no sé quién pueda venir a verme”. Tengo la esperanza de volver algún día a mi país para llorar de la emoción, y ser llorada cuando parta.