3. La Emprendedora

La Emprendedora

Soy venezolana, llegué a México hace ya tres años junto con mis hijos que en ese entonces tenían 16, 14 y 2 años. Ahorita no estoy trabajando porque todavía no tengo mi permiso de trabajo. Desde que llegué he estado haciendo actividades no formales, como asesorías de emprendimiento para niños y adolescentes, así como piñatas y otras manualidades. Con eso generaba mis ingresos, pero ahora con la pandemia, están detenidos.  

Sí, tengo varias carreras universitarias, soy licenciada en Administración y abogada. De hecho, mis últimos años de experiencia laboral en Venezuela fueron como docente universitario. Sin embargo, cuando sales de tu país te enfrentas a una nueva realidad: ya no estoy en mi hogar, ¿entonces qué puedo hacer? Iniciar con lo que venga, con lo que te salga, mientras tienes la legalidad para trabajar, mientras te sale tu residencia y puedes optar a mejores oportunidades. 

Dar clases me apasiona, es una de las cosas que más extraño. Por eso cuando tuve la oportunidad de dar clases aquí en México, la tomé porque me encanta. 

¿Qué otras cosas extraño? La comida claro, sobre todo las papas rellenas. Son espectaculares. Las papas rellenas y las arepas, que son un ícono de la comida venezolana. Aquí en México tienen muy buena comida también, he disfrutado mucho probando la comida de acá. Me recuerdan a los platillos de mi mamá. Extraño la comida de mi mamá. Extraño llegar a casa y tomarme un café con mis papás y hablar de cualquier cosa. Extraño hasta las peleas. 

Nos fuimos de Venezuela porque nos vimos obligados por la inseguridad y la escasez. Sin importar cuánto trabajaras, no te alcanzaba. Podías pasar horas haciendo fila para comprar lo que necesitaras, a veces alcanzabas y muchas veces no. Y cuando no alcanzabas tenías que esperarte hasta la siguiente semana, porque según tu cédula o identificación te asignan un día en específico en el que únicamente puedes comprar. En los momentos más urgentes, a veces te tocaba comprarlo por fuera al que lo tuviera, al precio que él quisiera.

Por la desesperación, yo creo que muchas personas se veían orilladas a robar y convertirse en delincuentes. Era tanta la inseguridad que llegó el punto en el que perdí la cuenta de las veces que nos robaron, a mí y a mis hijos. Así que cuando me dijo mi hermano que la situación seguía empeorando, me sorprendí desagradablemente. 

El factor primordial de salirnos de mi país no fue ni la inseguridad ni la escasez -aunque sí fueron determinantes-, fue que despidieron a mi esposo, y a mi no me contrataban en ningún lado ¿Por qué? Porque me vetaron. Me vetaron por hacer un informe. Un informe que le costó la candidatura a uno de los que Chávez apoyaba. Yo antes trabajaba en el gobierno, -¡el régimen! Porque ni siquiera le puedo llamar gobierno-,  en una comisión, por no prestarme a hacer lo que querían, me metieron en una lista en dónde me tacharon de opositor, y como opositor no tienes derecho ni a que te den beneficios, ni a que te den trabajo. 

Decidimos irnos a Chile, pero le ofrecieron trabajo a mi esposo en Monterrey, y nos vinimos a México. Yo venía con mucha angustia porque no es fácil, a pesar de todas las circunstancias yo ya tenía casa, tenía carro propio y dejar todas tus cosas y meter toda tu vida en dos maletas es muy, muy complicado.

“Tienes que dejar recuerdos, tienes que dejar fotos y, lo más importante, tienes que dejar a tu familia porque no te la puedes traer”.

Sí, mi familia sigue en Venezuela, soy la única que está en México. Mi hermana ha querido venirse pero no tiene el dinero suficiente ¿Yo cómo le hice? Fue difícil, más porque yo no me quería venir sin mis tres hijos, y en general la situación de los trámites y la documentación necesaria es complicada, porque en ese momento tenías que sacar un permiso para que el gobierno te autorizara llevarte a tus hijos, incluso, aún cuando llegas al país destino te pueden regresar, a total discreción del funcionario que te atiende. Puedes perder todo el esfuerzo, el dinero del viaje, los gastos. Puedes perderlo todo. 

Mi angustia más grande con mi familia, es que no puedo hacer nada por ellos, salvo mandarles dinero. Es horrible la sensación de que si pasa algo no vas a estar ahí. Tampoco es fácil llegar a otro país en el que no conoces a nadie, en el que en cualquier emergencia no tienes a quién llamar. Te puedes sentir muy sola. 

Sin embargo, aunque no tengo a mi familia aquí conmigo, he conformado una familia con mis amigos y vecinos mexicanos. Por supuesto que se me ha dificultado entablar relaciones, hay personas que te discriminan, te ven feo únicamente por ser venezolanos, como si fueras una plaga. Pero así cómo me he encontrado con personas así, también he conocido personas muy amables que me han ayudado. Entonces sí, pudiera decir que me siento como en mi hogar, porque hogar no es un dónde sino un quién​. Hogar es tener alguien con quién desahogarse, reírse, apoyarse, y México me dio ese hogar.