2. La Estoica

La Estoica

Soy migrante venezolana refugiada en México. Tengo 34 años, una hija, y actualmente no tengo trabajo, ya que me despidieron porque no cuento con mi papelería completa. Me dieron mi residencia después de un año y medio de trámite. No te miento, la verdad sí es un proceso bastante tedioso en el cual sigo esperando a que me den mi carné. En total estuve dos años y medio esperando ser “legal” en México.

¿Es difícil que te contraten aquí en México? Pues mira, es muy necesario contar con papelería completa en este país para poder obtener un buen trabajo, con buenos ingresos y con el cual yo pueda darle una vida digna a mi hija.  He estado como en 20 entrevistas de trabajo y en ninguna me contrataron. Yo tengo educación inicial, pero no terminé la licenciatura, así que sí, es difícil. 

Vivo con mi hija y con mi novio, él es mexicano. Le agradezco que me ayude con los gastos, la renta, despensa, cosas de la casa, porque sin trabajo, no me alcanzaría.

Te seré sincera, nunca me amenazaron, tuve que huir de Venezuela por miedo. Yo salí por la inseguridad, me daban ataques de ansiedad al pensar que podían hacernos algo a mí y a mi hija. Hubo una ocasión donde unos ladrones se metieron al edificio donde vivíamos, eso hizo que mis padres, mis dos hermanas y nosotras durmieramos todos juntos. Lo único que nos separaba de la posibilidad que nos robaran, era un colchón que teníamos contra la puerta con la esperanza que fuera impedimento suficiente.

“En ese momento yo pensé que ya no éramos libres, ni la niña, ni yo. Pueden entrar a mi casa y robar, o matarme. Eso fue suficiente. Me vine para acá -México- porque un amigo nos ofreció ayuda. Le tomé la palabra.”

¿Por qué es inseguro? Porque en mi país sólo existe la supervivencia. No hay comida, la gente se queda sin trabajo, roban por medicina y la situación empeoró hasta que Venezuela se volvió inhabitable.

Aún me queda familia allá. Es difícil y horrible estar separados, porque te sientes culpable de que tú si tienes servicios, comida, trabajo, seguridad, y ellos no. Allá están en una constante batalla, y te sientes mal porque tú no. 

¿Salir de Venezuela? Pues no hay una ley de prohibición como tal, pero salir es prácticamente imposible. Entre los requerimientos de papelería, pasaporte y conseguir dinero, con un sueldo promedio de 5 a 8 dólares mensuales, y el pasaje costando 700 dólares, no sé puede. Yo pude hacerlo porque mucha gente de afuera me apoyó con el dinero, si no, nunca te hubiera podido contar esto. Mira, parte de la escasez era que dependías de tu cédula, la cual indica la cantidad de comida o productos que podías comprar en el súper. Mi familia me ha dicho que puedes conseguir comida, pero que ahora todo está más caro, tienes que tener a alguien fuera del país para que te depositen, y así, puedas sobrevivir. 

¿Qué esperaba antes de llegar a México? Pues la verdad, lo único que quería era que todos los días le pudiera dar comida y seguridad a mi hija. Estar tranquila de que no nos faltara nada. Antes de México estuve en Panamá y era difícil porque el sueldo era aún más bajo, y otros trabajos mejor pagados eran para prostituirte. Huí de Panamá porque no quería meterme en cosas peores de las que ya vivía en Venezuela. 

 Ser migrante no es fácil, si te atrapan te encierran en un cuarto por dos o tres días sin comida. Nadie emigra por gusto, nadie quiere dejar a su familia, ni batallar en un país que no es el tuyo donde prácticamente no puedes acceder a nada. El trato al migrante es inhumano, y la gente debería de tratar de ser más empática porque el mundo da tantas vueltas, y nunca sabes cuando te puede tocar. Yo nunca esperé que me tocara a mí.